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Fernando de Szyszlo El universo interior de una persona es un cosmos inabarcable, infinito |
¿Qué tan importante es la opinión de Fernando de Szyszlo en estos días? Pues, muy importante. Es la opinión de un artista que ha contemplado de cerca las mejores expresiones del ser humano, al igual que las peores crueldades. En esta ocasión, Szyszlo reflexiona sobre ciertas tribulaciones del presente.
“¿Sabía que John Lennon tenía uno de mis cuadros?”, comenta. Fue una vez que estábamos en su estudio, un espacio sobrecogedor por la cantidad de libros. Poesía, arquitectura, arte. En fin, numerosos títulos, requerirían toda una vida para ser leídos. O dos vidas o tres o cuatro, depende de cuánta televisión se vea o de si se habita en el Facebook. También hay fotos, piezas de arte, más libros. “Lennon compró uno de mis cuadros en una subasta, fíjese. No tengo idea de dónde estará ahora”, concluye la anécdota.
Había leído que era difícil entrevistar a Fernando de Szyszlo (Lima, 1925), en parte porque uno no sabe qué decir. ¿Cómo conversar con una persona que sabe tanto, que ha vivido tanto? No es necesario padecer un complejo de inferioridad para sentirse un protozoario al lado de Fernando de Szyszlo. Pero es posible verlo como una persona cualquiera. Tuvo conflictos vocacionales como cualquier joven, pasó de la Arquitectura al Arte; es llamado ‘Godi’ por sus seres queridos; sigue siendo muy tímido, a pesar de tantos años de exposición mediática; perdió un hijo, Lorenzo, y hasta hoy protesta contra esa arbitraria brutalidad del destino. Será inmortal por sus obras, pero hoy podemos sentarnos frente a él y escucharlo hablar sobre el arte, la vida y la política con respeto y admiración, sin miedos.
Hay una eterna incertidumbre, y discusión sobre todo, a la hora de definir qué es Arte. Existen autores, como Damien Hirst, que ponen un tiburón dentro de una pecera llena de formol y son considerados genios.
A lo largo de la presencia del hombre sobre la Tierra, y del corto tiempo que le ha sido acordado para disfrutar de sus días en ella, hay algo en lo que nunca hemos cejado: protestar contra nuestra condición mortal. Y si no es así, derrotar a la muerte, tratar de poner fuera de la destrucción del tiempo los testimonios de esa protesta. La Historia del Arte no es sino el recuento de esos testimonios de individuos que quisieron protegerlos de la destrucción del paso del tiempo, del olvido. Voces que finalmente configuran el rostro de los pueblos de los que esos individuos provienen. Qué idea tendríamos de Egipto, de Grecia, de los mayas, de los habitantes de Chavín, si no tuviéramos esos testimonios. Hay un ominoso silencio que trae la idea de los fenicios.
¿Qué opinión, entonces, tiene sobre el arte de nuestros días? Nunca en mi vida me ha preocupado otra cosa, para mí la pintura ha sido cada vez más un desafío grave y doloroso. Nuestra circunstancia actual nos ha enfrentado a una sociedad frívola, sin peso específico y cuya mayor gloria la encuentra en el dinero y su espectáculo. No tengo nada que ver con eso ni me interesa. Estoy feliz de poder decir que he sido contemporáneo de artistas como Bonnard, Matisse, Picasso, Bacon y Rothko. Los jueguitos y las astucias que se han producido durante el mismo período me tienen sin cuidado. Podríamos decir con Vallejo “allá ellos, allá ellos…”
Usted ha dicho que existen dos caminos para escapar de la crueldad del mundo: el amor y el arte. ¿Sigue creyendo lo mismo? Cada vez con más fuerza. Cuando veo cómo nuestra época ha ido desacralizando todo. Cómo compadezco a los adolescentes de ahora, que nunca conocerán el misterio del sexo, las angustias del amor enfrentadas sin defensas ni apoyos ni marihuana ni éxtasis, o los misterios del amor que, como quería Sologuren, es “un canto arrancado a la tumultuosa soledad de un pecho humano”. Felizmente, la poesía todavía me ayuda a vivir.
¿Cuál es el peor enemigo del ser humano? Decían los latinos: “homo homini lupus”. “El hombre es un lobo para el hombre”. Sin duda, su peor enemigo y también su mejor amigo. El más simple ejemplo sería el de los ecologistas asesinados por defender a las ballenas o por llevar alimento a poblaciones bloqueadas, o el de los que los asesinan por vender carne de ballena o imponer sus reglas que sin duda terminarán ahogándolos.
En el libro que escribió Mariella Balbi, usted cita a un poeta surrealista que se suicidó. "Me voy porque no puedo jugar en un mundo donde todos hacen trampa", decía la nota suicida. ¿Tan duro puede ser el mundo? El universo interior de una persona es un cosmos inabarcable, infinito. Todo cabe en él. Puede ser insoportable o maravilloso, o las dos cosas al mismo tiempo. ¿Cómo no recordar las líneas de Quevedo? “Pensar que un cielo en un infierno cabe/ dar la vida y el alma a un desengaño/ esto es amor, quien lo probó lo sabe”.
Una vez leí –creo que cuando había cumplido ochenta años– que usted sentía que le faltaba tiempo para hacer cosas, que necesitaba crear mucho más. ¿Qué opina sobre la tiranía del tiempo, sobre la vida, la muerte? ¿Qué decirle? A los 85 años sé que, como lo he dicho alguna vez, mi futuro es el presente y me apena no haber podido sacar lo que tenía adentro y que, después de tanto trabajo, sigue ahí. Sin embargo, sigo y seguiré intentándolo. Lo que me desconcierta es que mi parte física reclama cada vez más espacio. Como le escribí hace poco a un amigo, toda mi vida he estado acostumbrado a que mi cuerpo sea una parte dócil y obediente. Dormía cuando yo lo decidía, soportaba el calor o el frío sin demasiadas protestas. Obedecía sin vacilar a mis deseos, nunca tenía que descansar cuando quería buscar un libro ni dormir cuando estaba interesado en una conversación. Conforme ha ido pasando el tiempo, fue reclamando más prerrogativas. Hoy, me siento un poco prisionero de los límites que me impone y al mismo tiempo furioso ante su falta de sumisión.
¿Qué opinión tiene acerca del escenario político del Perú, sobre todo en esta etapa electoral de mucho movimiento y pocas ideas? Pertenezco a un nuevo y muy numeroso grupo de peruanos que, por primera vez, miran el futuro de este país con optimismo, aún si soy consciente de todas nuestras carencias. Indudablemente, esto está vinculado al desarrollo cultural, al desarrollo de la educación en nuestro país. Creo que se han dado pasos importantes y se ha logrado terminar con el despotismo del SUTEP, empeñado durante tantos años en hacernos creer que ser maestro es pertenecer a una organización política en la que ni la vocación ni la preparación cuentan para nada. Toda esta circunstancia, toda esta carencia, se ve reflejada en instituciones como el Congreso, que están en las antípodas de un país que tiene la universidad más antigua del continente.
¿Qué plantearía? Personalmente, creo que es indispensable que haya una Cámara de Senadores para mitigar los errores de los diputados. Creo que el hecho de que los alcaldes se adjudiquen un sueldo que ellos determinan, hace que el número de candidatos se multiplique y se vuelva una búsqueda del tesoro. Pienso, y espero, que Lourdes Flores le gane Lima al fujimontesinismo. De las elecciones presidenciales todavía no están claros los postulantes, me gustaría que la candidatura Kuczynski levante finalmente el vuelo, pues me parece una magnífica opción. Veremos qué pasa, pero confío que ni la candidata que tiene como plan de gobierno indultar a su padre, condenado en un juicio intachable y ejemplar, ni el candidato que quiere detener el ritmo de progreso y de paulatina disminución de la miseria para no quedarse sin electores, tengan mayor futuro.
Suena sensato. De esto soy testigo, cuando llegué a Europa en 1949, el mayor partido comunista era -después del ruso- el italiano, seguido de cerca por el francés. El Plan Marshall y el desarrollo económico europeo cambiaron totalmente ese panorama: ni el partido italiano ni el francés tienen muchas esperanzas ahora, en una elección democrática. Las elecciones del 2011 son cruciales para nuestro futuro. Elegiremos entre continuar en la senda que nos lleva cada vez más rápido al desarrollo o volveremos a comenzar de cero.
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