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  Un adiós más
José Saramago

Se fue uno de los escritores más importantes de la literatura mundial. Se fue en silencio, vencido por una larga enfermedad que lo consumió progresivamente. Se fue sabiendo que luchó honestamente contra aquello que consideraba absurdo e injusto. Se fue la vida de su cuerpo, pero ha dejado repartido su espíritu entre las miles de páginas que escribió. Se fue José Saramago (1922-2010), el valiente portugués que nos hizo ver el mundo de otra manera.

Aparece muy delgado en las últimas sesiones fotográficas que le hicieron, violentamente debilitado por la leucemia y por el peso de 87 años a cuestas, pero con la misma mirada compleja de siempre. Compleja, porque uno no sabe si se trata de una mirada seria, cordial, amarga, desaprobatoria, irónica, arrogante; o si quizás es el síntoma de una profunda reflexión en pleno proceso. La desconcertante mirada de José Saramago. Al revisar sus fotos, uno ve dos ojos que se rehúsan a ser descifrados, dos ojos que no cuentan historias ni comparten emociones, pero que asumen con temple una actitud ante la vida. Y vaya que Saramago, el escritor, el ateo, el miembro del partido comunista, sabía de actitudes.

Saramago se ha ido y ojalá haya estado satisfecho en sus últimos días, pues se pasó la vida entera intentando hacer lo correcto en términos humanísticos. Condenaba la crueldad, la vileza, el egoísmo y todos los males propios de la naturaleza humana. Confiaba en un cambio. Nunca creyó que la causa estaba perdida, pues sabía que mediante sus palabras podía persuadir a millones de construir un mundo mejor. Era un idealista, pero tenía los pies bien puestos sobre la tierra.

Por ejemplo, "El evangelio según Jesucristo" (1991), la polémica novela que le dio un empujón mediático, tiene una intensa y punzante carga moral, es dinamita pura que intenta derribar los pilares del pensamiento religioso conservador, mediante una reinterpretación personal de la vida de Jesús.

En "Ensayo sobre la ceguera" (1998), su libro más exitoso, ofrece un escenario apocalíptico: ¿qué pasaría si todos se quedaran ciegos súbitamente? Saramago imagina la respuesta y arma un relato que, además de estar estructurado bajo una narrativa compleja y transgresora, vuelve a enfocarse en los afectos, pasiones, deseos, defectos y virtudes del ser humano; planteando así, al lector, más preguntas que respuestas vinculadas a la naturaleza e identidad humanas.

"Caín" (2009), su última novela publicada, retoma el tema bíblico y examina duramente la cuestionada moral del Antiguo Testamento para conectarlo con las tribulaciones humanas del presente, demostrando que el hombre sigue siendo el mismo ser desconcertante de siempre.

EL CIEGO DE PORTUGAL
Además, defendió implacablemente su ateísmo, no como una pataleta injustificada, pues, tal postura hereje, políticamente incorrecta, totalmente condenada por los sectores religiosos, estaba sólidamente argumentada. Deploraba los aspectos negativos de la fe, sobre todo la intolerancia y violencia como prácticas religiosas. Revisemos un par de frases que escribió en el diario El País de España:

“Siempre tendremos que morir de algo, pero ya se ha perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las peores maneras que los humanos han sido capaces de inventar. Una de ellas, la más criminal, la más absurda, la que más ofende a la simple razón, es aquella que, desde el principio de los tiempos y de las civilizaciones, manda matar en nombre de Dios” (El factor Dios. 18/09/2001).

También inventamos a Dios, pero Dios no salió de nuestras cabezas, permaneció dentro, como factor de vida algunas veces, como instrumento de muerte casi siempre. Podemos decir ‘aquí está el arado que inventamos’, no podemos decir ‘aquí está el Dios que inventó el hombre que inventó el arado’. A ese Dios no podemos arrancarlo de dentro de nuestras cabezas, ni siquiera los ateos pueden hacerlo. Pero por lo menos, discutámoslo” (Dios como problema. 01/08/2005).

Duras palabras, sin duda. Esta implacable postura le generó muchos problemas, a tal punto que tuvo que autoexiliarse de Portugal en 1993, e ir a vivir en la isla Lanzarote, España. José Saramago, hijo de campesinos, herrero, oficinista, trabajador de una compañía de seguros, editor, crítico, periodista, poeta, Premio Nobel de Literatura en 1998, casado con la española Pilar del Río, blogger tardío; fue un ejemplo de escritor comprometido, del intelectual que intentó ser luz en una sociedad dominada por dogmas. Un hombre genuinamente preocupado por lo que sucedía a su alrededor, capaz de usar con sabiduría y belleza las palabras, y así lograr que la mirada de millones de lectores se enfoque en las verdades de la vida. Esas verdades que, por ceguera, no se pueden contemplar.


Escribe César Becerra
Montaje Ale Hop

 
   

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