|
Identidades múltiples Gabriel Alayza, un talento transgresor
Gabriel Alayza ha desarrollado cinco proyectos artísticos en los que juega con la idea de estereotipos de la confusa identidad limeña. En una ciudad donde existen tantas realidades, las contradicciones bullen por doquier. El talento de Gabriel Alayza radica en reconocerlas, e incluso, exagerarlas.
“Si mi arte fuera película, sería ´Brasil´. Si fuera música, punk”, asegura el pintor e ilustrador. Su discurso tiene algo de molesto y regañón, pero optimista a la vez. “A veces trato de molestar, de incomodar porque voy en contra de la idea de que el arte debe ser bello y limpio. Me gusta exponer un espacio de vulgaridad, violencia, locura”.
Como artista contemporáneo, le interesa que la gente se acerque al arte por algo más que por un tema de estética. Para él, los medios de comunicación han insensibilizado al público frente a muchas imágenes, y peor aún, frente a sentimientos como el amor, la ternura o la felicidad, ahora completamente estereotipados.
“Si tú le preguntas a la televisión qué es ternura, te pondrán un cachorro rosado y peludito”, dice. Lo suyo, por otro lado, es mucho más implícito y sutil porque busca volver a generar sensibilidad a través del lenguaje escondido, detrás de lo que ofrece la imagen. El uso de caricaturas y exageraciones es recurrente porque considera que la risa esconde también dolor, furia. “Un chancho obeso gigante comiendo un helado a mí sí me produce ternura, aunque sea completamente vulgar”.
¿Quiénes somos? Su trabajo trata sobre el tema de la identidad en Lima, un concepto difuso para todos en esta ciudad. Gabriel Alayza considera que no existe una identidad personal total porque todos tenemos una experiencia distinta frente a una serie de acontecimientos que pueden suceder en un lugar.
“En Lima, la gente arma su identidad como los techos de esta ciudad: el escritorio que no quiero mandar al carpintero, la jaula del pájaro que se murió hace diez años, el perro que ya no quiero sacar a pasear, un conjunto de cosas absurdas, trozos de recuerdos e ilusiones que terminan por ser un menjunje”.
Ironías “Tombos” es un proyecto libre, trabajado con bloques de plástico que se asemejan a grandes trozos de vidrio. Sobre estos cuerpos se encuentran las caras de tres policías distintos, condecorados a principios del 2005 y luego expulsados de la PNP por violación, atropello en estado de ebriedad y perseguir a tiros a un sujeto. Es la ridiculización de la institución policial, que se deduce a través de una estructura que parece fuerte, pero en realidad no lo es.
Otra de sus muestras, ´Cargar´, reafirma su significado al estar pintada íntegramente en metal reciclado; un sujeto cachetón con fachas delincuenciales sonríe sobre la superficie del techo de un auto, mientras que un portón metálico muestra a un ricachón gigante y obeso.
De profesión, artista Desde chico, Gabriel dibujaba guerras napoleónicas y caballeros medievales en la parte de atrás de sus cuadernos. Sus abuelos solían hablar mucho de historia y su padre era profesor de arte, así que en vez de regalarle G.I. Joe´s, le llovieron pinceles siempre. No todos pueden decirle a sus padres que quieren ser artistas porque se les asocia con vagos o con la certeza de que hagan lo que hagan, siempre serán pobres.
Gabriel Alayza prueba lo falso que es esto. Luego de estudiar arte en la Universidad Católica, empezó a hacer ilustraciones en varios medios, como El Comercio y la revista Dedo Medio. “La ilustración es como ser minero: sacas un montón de cosas chicas que te van parando la olla, hasta que un día te ganas una buena -como organizar visualmente una propaganda- y ganas un montón de plata”. Además, enseña composición y dibujo en la Universidad Católica y asegura que lo que gana con sus cuadros lo ahorra en su totalidad.
Con las ilustraciones no hay un espacio de oficina pero sí una constancia de publicación. “A muchos les puedo parecer un vago porque me voy a dibujar una semana a Zorritos en la playa, pero es chamba”.
Con apenas 27 años, Gabriel Alayza es un artista que ha sabido captar con éxito la idiosincrasia limeña, con todas las contradicciones y discordancias que esta ciudad implica. Su arte violento y caótico, es quizá una más de nuestras divergencias.
“Si tú le preguntas a la televisión qué es ternura, te pondrán un cachorro rosado y peludito”
Escribe
|